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Hablar de graffiti en un primer momento nos lleva a pensar en la cultura Hip Hop, y es algo lógico. El graffiti surgió en las mismas circunstancias que este estilo musical de ritmos funk y rimas ingeniosas. Forjado en los guetos afroamericanos de finales del S.XX, y con raíces tan diversas como el dub, el funk, el rock o incluso la música disco, el Hip Hop supuso un verdadero caldo de cultivo para la expresión humana. Los chavales de barrio se lanzaron a las calles con espíritu de diversión, de escape, denuncia, y de crítica social. Que ése espíritu se trasladara a la expresión escrita fue una evolución natural del lenguaje, algo inherente al ser humano, como ya ocurrió en la antigüedad en calles de ciudades romanas como Pompeya. Sabemos pues, que a principios de los años setenta se dieron las primeras muestras del graffiti contemporáneo, de la mano de osados graffiteros como Taki 183, que estampó sus tags (firmas) por todo el metro de Nueva York. Algo más tarde el Hip Hop se dejó influenciar libremente por estilos de música tan diferentes como el reaggae o la primera música techno nacida en Europa. Su hermano de calle, el graffiti, también hacía lo suyo, adoptando formas de representación, iconografías y actitudes de todas esas culturas. La influencia directa del concepto de 'tribu urbana', de banda callejera, y la lucha misma por destacar y diferenciarse de los demás ha hecho que desde los años noventa el arte del graffiti halla evolucionado considerablemente; hasta inundar las calles de nuestras ciudades con nuevas disciplinas como las pegatinas o las plantillas, y plasmarse en modas y formas de vestir. Se ha ramificado en subestilos que pujnan cada vez más hacia la originalidad, la diversidad, y la creatividad. Ahora, aunque a los puristas les suene un poco snob, hablamos de 'arte urbano'. No se extrañen pues, si se encuentran por las calles de ciudades como Guadalajara verdaderas muestras de abstracción geométrica, retorcidas formas orgánicas, o estampas figurativas con aire naïf y referencias pop... Esta exposición es muestra de todo ello, y de que las calles ya no son el único soporte para los grafiteros: museos y salas de todo el mundo se abren dejando hueco a tablas y muestras efímeras de graffiti tan interesantes como las que este grupo de artistas grafiteros han reunido en nuestra escuela de arte. Artistas a pie de calle, que merecen todo nuestro apoyo y admiración. Carlos de Juana. Javier Arroyo, Juan Hermida y Alejandro Moratilla (Lesh, Iohan y Mazo) han unido sus esfuerzos en esta exposición para mostrar su gran pasión. La atmósfera estética en que respiran nace en la calle, en los muros que se leen como páginas de un fanzine multidimensional. Activos, inmersos en la cultura urbana, disfrutan y crean el paisaje de su ciudad, ilustrada con trazos y figuras del subconsciente juvenil. Para esta ocasión han sacado de su contexto urbano el trabajo mural. Han pintado con la intención de pasar dentro, al centro educativo donde a diario estudian y trabajan. Su manera de mirar el mundo del arte y el diseño es global, y permeable a la cultura de la calle, de donde vienen.
ARTE URBANO De la calle vengo Nota: Gracias al Patronato de Cultura por facilitar obras y materiales, y a Yago por ofrecer su singular colección de pegatinas. |